Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | En confianza

Comunicador Audiovisual y coordinador local de IU

El valor de embarcarse

Hay quien cree que liderar consiste en no equivocarse nunca. Yo creo que consiste en saber cambiar el rumbo cuando hace falta sin abandonar a nadie por el camino

Hay decisiones que solo pueden tomarse antes de conocer el desenlace. Si esperáramos a tener la certeza de que todo saldrá bien, probablemente nadie cruzaría un océano, escribiría un libro, plantaría un árbol... o se presentaría a unas elecciones.

Estudié Publicidad y siempre me fascinó este anuncio atribuido al explorador Ernest Shackleton: «Se buscan hombres para viaje peligroso. Salario bajo. Frío intenso. Largos meses de oscuridad. Regreso con vida dudoso. Honor y reconocimiento en caso de éxito». Durante años se presentó como una de las campañas de reclutamiento más brillantes de la historia. No prometía riqueza, comodidad ni siquiera éxito. Prometía exactamente lo contrario. Pese a todo, supuestamente, se postularon miles de personas. Les dió igual. La expedición de Shackleton tampoco salió como estaba prevista. El Endurance quedó atrapado en una banquisa y terminó siendo aplastado. El sueño de ser los primeros en atravesar la Antártida por el polo sur desapareció bajo el hielo. Fracasó la expedición. Pero algo triunfó. Más de un siglo después se sigue hablando de aquel viaje. No porque alcanzara su objetivo, sino porque cuando comprendieron que la misión era imposible, descubrieron que existía otra mucho más importante: volver todos vivos a casa. Siempre me ha parecido una magnífica lección.

Hay quien cree que liderar consiste en no equivocarse nunca. Yo creo que consiste en saber cambiar el rumbo cuando hace falta sin abandonar a nadie por el camino. Hace unos días, mis compañeros y compañeras de Izquierda Unida decidieron confiarme una responsabilidad que afronto con orgullo, vértigo e ilusión: encabezar nuestra candidatura a la Alcaldía de Badajoz. Antes de que nos flipemos: no, no pretendo compararme con Shackleton. Aunque las madres de ambos habrían estado mucho más tranquilas si hubiéramos elegido quedarnos en puerto seguro. Lo que sí creo es que toda historia encierra una lección.

Una ciudad tampoco se gobierna desde la certeza absoluta. Quien asegura tener todas las respuestas antes incluso de empezar el viaje probablemente aún no ha entendido cuáles son las preguntas. Badajoz lleva treinta y un años gobernada por el mismo partido. Hay toda una generación que nunca ha conocido otra forma de gestionar el Ayuntamiento. Y cuando algo permanece demasiado tiempo igual, el mayor peligro no es solo la rutina. Es acabar creyendo que no existe alternativa. La resignación también es una forma de hielo. Nos acostumbramos a que nuestros barrios y pedanías sigan esperando. A que el Casco Antiguo continúe perdiendo vida. A que demasiados jóvenes piensen antes en marcharse que en quedarse. A discutir una y otra vez sobre los mismos problemas como si fueran fenómenos naturales imposibles de evitar. Pero ninguna ciudad está condenada a navegar eternamente en círculos.

No sé qué ocurrirá dentro de unos meses. Sería poco honesto fingir que lo sé. Las elecciones no vienen con mapas de navegación ni con el viento siempre soplando a favor. Lo que sí sé es la clase de viaje que me gustaría emprender. Uno en el que el Ayuntamiento vuelva a escuchar más de lo que habla. En el que los barrios formen parte del puente de mando. En el que la cultura deje de ser un adorno para convertirse en una prioridad. Que las oportunidades para nuestra hostelería y nuestro pequeño comercio no dependan únicamente de la feria de la tapa o del concurso de desayunos. En el que quienes llevan demasiado tiempo sintiéndose invisibles vuelvan a sentirse parte de la ciudad.

Porque las ciudades nunca las cambia una sola persona. Las cambian miles de personas que un día dejan de preguntarse si será posible y empiezan a preguntarse si merece la pena intentarlo.

Quizá por eso sigo pensando en aquel anuncio que probablemente nunca existió. No por su brillantez publicitaria, sino porque escondía una intuición profundamente humana: las personas no necesitan que les prometan un viaje fácil. Necesitan un motivo suficientemente importante para decidir embarcarse. Toda expedición comienza mucho antes de abandonar el puerto. Comienza en el instante en que alguien acepta una incertidumbre mayor que el miedo a quedarse donde está. Ese es, probablemente, el verdadero valor de esta historia.

Y después de treinta y un años mirando el mismo horizonte, creo que ha llegado el momento de que Badajoz vuelva a tener el valor de embarcarse.

Tracking Pixel Contents