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Opinión | Cotidianidades

Badajoz

La ciudad se queda sola

La política actual es una política que solo produce disputas. La gente normal lo que quiere es permanecer unida para solucionar sus problemas y vivir lo mejor y más tranquilo posible, como hemos comprobado en el transcurrir del campeonato del mundo de fútbol

Mi hija también estaba fuera de la ciudad y del país, buscando lectura de más altura en otras librerías.

Mi hija también estaba fuera de la ciudad y del país, buscando lectura de más altura en otras librerías. / LA CRÓNICA DE BADAJOZ

Sábado de mediados de julio. Estoy en casa. Bajo a por mi coche para ir a desayunar a Gévora. Las pedanías también participan en el concurso del desayuno. Abro la cochera y el único coche que hay en un garaje de unas 20 plazas es el mío, es la primera vez que veo la cochera así de triste y solitaria. Parece un paisaje distópico, creía que nunca iba a utilizar esta palabra, pero ha salido disparada del teclado, como con ganas de ver la luz. Mi coche está solo en el garaje, igual que yo en Badajoz. Un sábado de mitad de julio donde todas las personas cercanas están fuera de la ciudad, tanto amigos como familia. Los pacenses queremos a Badajoz con toda nuestra alma, se nos llena la boca de Badajoz, pero en cuanto tenemos la mínima oportunidad de salir nos vamos.

Mi relación con Badajoz es de amor odio. A Badajoz empecé a quererla en la distancia, cuando estuve viviendo fuera, la eché de menos en alguna ocasión. La eché de menos en aquellas situaciones en las que miraba hacia atrás para volver a ser yo, para girar hacia la solidez de las raíces fuertemente sujetas a la tierra, sin fisuras, sin el bamboleo atractivo del junco, igual que los girasoles buscan el sol para alimentarse, es bueno mirar atrás para seguir creciendo con más fuerza hacia adelante.

Mi coche estaba solo en la cochera. El calor hace que la ciudad sea más dura de vivir en verano, estamos aquí los que tenemos que estar por motivos laborales o económicos.

Subo otra vez a casa, siempre me pasa lo mismo después de utilizar la plancha, dudo de que la haya desenchufado de la corriente eléctrica, probablemente esta duda venga de que la utilizo poco. No me gusta planchar y menos en verano. Para mí el diseñador de moda preferido de todos los tiempos es Adolfo Domínguez, desde que dijo aquello de "la arruga es bella", seguramente esta frase haya pasado de moda, pero para mí es como una religión. No solamente me gustan las arrugas de la camiseta, sino también las arrugas del cuerpo. Las arrugas son la muestra de la serenidad. Asociamos el paso del tiempo a la sabiduría, esto no es cierto, uno no es sabio por cumplir años, sino por haber estudiado, por leer, por investigar, por vivir con intensidad. Por hacerte viejo no te haces más listo.

Yo tengo la sensación de que cada vez sé menos y que la experiencia no me hace aprender, como cantaba Chavelas Vargas, vuelvo a caer siempre en los mismos errores. Porque la semana pasada escribí ligeramente sobre política, escribí sobre la sentencia del hermano de Pedro Sánchez diciendo que los perjudicados eran los funcionarios a los que también habían inhabilitado, y otra vez me dieron caña en las redes, sobre todo en la que ahora se llama X. Alguien con perfil desconocido me llamó "juntaletras", supongo que con intención de insultarme: "El juntaletras de La Crónica de Badajoz Diego Algaba dice…". Lo cierto es que eso de juntaletras me hizo gracia, hasta me gustó, incluso iba a titular este artículo 'El juntaletras'.

Siempre digo y tengo la intención de no escribir de política, solo quiero escribir sobre cotidianidades porque disfruto más y me gusta hablar de lo que veo y siento en Badajoz, aunque algunas veces pienso que las cosas pequeñas solo son interesantes para el autor y su entorno, por eso en alguna ocasión me he venido arriba, me he envalentonado y se ha escapado mi indignación a través de mis dedos cuando los tenía encima del teclado, ¿quién me mandará meterme en esos berenjenales que solo me trae sinsabores?, como si no supiera que la política actual, esa que debería ser diálogo y consenso, esa que debería arreglar los problemas de la gente en lugar de crearlos, esa política que se ha convertido en algo soez y ordinario, no quiero reproducir aquí las palabras que he oído esta semana en políticos regionales.

La política actual es una política que solo produce disputas. La gente normal lo que quiere es permanecer unida para solucionar sus problemas y vivir lo mejor y más tranquilo posible, como hemos comprobado en el transcurrir del campeonato del mundo de fútbol, donde íbamos todos a una con una sola bandera y un único fin. Después de ese juntaletras de X, hasta se me han quitado las ganas de manifestar mi alegría con la decisión de que no dejen fumar en las terrazas. Alguna vez me he tenido que levantar e irme porque se ha sentado al lado de alguien fumando, incluso puros, mientras desayunaba.

Seguiré escribiendo sobre la ciudad, aunque la ciudad esté desierta en este sábado de julio, ahora que anuncian la tercera ola de calor.

He cambiado de planes. Voy a desayunar por aquí, cerca de casa, voy a ir andando por una ciudad. Soy de los pocos que lleva una camiseta que no es de la selección con un número detrás. Hoy llevo una camiseta negra y bien planchada, aunque sin número, ni escudo. El bazar de abajo tiene en la puerta una bandera de España, Andrés, me dice con su acento marroquí y con el puño cerrado, en un gesto de fortaleza y triunfo "va a ganar España". Es sábado y todavía no se había jugado la final.

En el centro de la ciudad bailaban grupos de folklore de distintos países. Este año llamaba la atención el grupo de Costa de Marfil. Por la noche fui a ver a los grupos de folclore que actuaban en el López, el día que fui salieron al escenario después de una breve y didáctica presentación de cada uno de los grupos a cargo del experto profesor y antiguo presidente de la asociación de Coros y Danza, Emilio González Barroso. En primer lugar, un grupo de Talavera la Real, a continuación otro de Rumanía y un tercero de Huesca. Me gustan las canciones de las rondallas, los bailes y el colorido de los trajes, sobre todo me gusta el trabajo que hacen de investigación al rescatar canciones de autores, en su mayoría anónimos, que se han ido conservando gracias al boca a boca y a la memoria de personas mayores.

Mi coche estaba solo en la cochera. Badajoz estaba vacío. Mi hija también estaba fuera de la ciudad y del país, buscando lectura de más altura en otras librerías, como se ve en la fotografía de esta contraportada.

Badajoz estuvo vacía durante el fin de semana, pero de pronto, el domingo por la noche, cientos de pacenses con la cara pintada con los colores de la bandera de España y la camiseta de la selección atronaron las calles después del triunfo del equipo español, compartiendo la alegría sin enfrentamientos, sin polarización, abrazándose unos a otros los amigos y los desconocidos, los blancos con los negros, los de derechas con los de izquierdas, los hombres con las mujeres, todos compartimos la alegría del triunfo de un país unido.

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