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Opinión | EL CHINERO

Ascensión Martínez Romasanta

Ascensión Martínez Romasanta

Directora de La Crónica de Badajoz

Directora de La Crónica de Badajoz

Cerrado por nenúfar

Un correo informal no puede ni debe motivar una decisión de tal envergadura

La cosechadora segando el nenúfar, en una imagen de archivo.

La cosechadora segando el nenúfar, en una imagen de archivo. / S. GARCÍA

La frase se atribuye a José Martí: «plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro», para expresar el deseo humano de dejar una huella en el mundo. Bien podría ser la constatación de que uno se puede sentir realizado cuando logra estos hitos vitales. Se podrían añadir muchos más cometidos, aspiraciones o disfrutes. Yo pondría, porque viene al caso, una actividad que hasta que no se prueba no se comprueba el bienestar que produce: practicar piragüismo. Puede dar reparo a quien le asusten las aguas abiertas o la imagen de inestabilidad de la barca, que no es tal. Una vez superado, merece la pena subir a una canoa (o a un kayak), solo o acompañado, y surcar las aguas del Guadiana. Puede ser el mar o un embalse, pero quienes vivimos en Badajoz tenemos un río tan al alcance de la mano y de la vista, que disfrutarlo es todo un regalo.

Un regalo factible, pues existen dos clubes que ofrecen la posibilidad de acercarse a esta práctica deportiva, desde la base y sin (o con) aspiraciones competitivas. Todo ello sin salir de la ciudad. Un lujo que no está al alcance de cualquiera.

Sin embargo, esta posibilidad se puede ver truncada en los próximos días: cuando en el Boletín Oficial del Estado (BOE) aparezca la resolución de la Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG), que es la responsable de la actividad que se genera en torno al río, de prohibir la navegación en el tramo urbano. Una decisión que ha disgustado a los dos clubes de piragüismo, el de Badajoz y el de Extremadura, porque trunca todos sus planes a corto y medio plazo.

El origen de esta resolución está en un correo «informal» que el Club de Piragüismo de Badajoz envió al organismo de cuenca pidiendo el desbroce de las orillas, como ha venido haciendo cada verano, para facilitar la movilidad de las embarcaciones en el agua, debido a la presencia del nenúfar mexicano. Una presencia que es la habitual en época estival, en cuanto suben las temperaturas y la planta crece a sus anchas, tiñendo de verde la superficie del Guadiana. Desde hace años, antes con el camalote y ahora con el nenúfar, el río se cubre de este color. La acción extraordinaria de la UME logró atajar la presencia de camalote. Pero otra amenaza real acechaba el río, y no es solo estética. Controlar la presencia de nenúfar requiere un proyecto de gran envergadura y mayor inversión, que consiste en el deslodado del Guadiana. Una operación que comenzó en octubre pasado aguas arribas y llegará el próximo otoño al tramo urbano. La previsión es que se prolongue durante tres años. Vamos a tardar en verlo limpio.

Entre tanto, cada verano, la CHG llevaba a cabo tareas de mantenimiento, a demanda de los usuarios del río, que vienen a ser sobre todo piragüistas y pescadores. La Confederación cuenta con un barco cosechador que va segando el nenúfar abriendo vías en el agua para que las embarcaciones puedan surcarla sin temor a quedar enredadas. Este barco, de fabricación alemana, se adquirió hace años, cuando el río estaba cuajado de camalote. Lo que hace es cortar el nenúfar abriendo pasillos. No es un trabajo inútil, pero sí poco práctico, porque tras segar la planta, a los siete días el pasillo vuelve a cerrarse, según reconoce el propio organismo.

Esta vez, el Club de Piragüismo de Badajoz, en su correo informal, añadió que de no segarse la planta invasora existía riesgo para la vida si alguien caía al agua. Un riesgo que no es mayor que el de otros veranos, pero que en la CHG se han tomado como una advertencia con visos de realidad de la que no quieren hacerse responsables y ha decidido prohibir la navegación. Una medida que ambos clubes consideran desproporcionada y drástica y con indeseables consecuencias para una actividad en la que el verano es temporada alta.

Un correo informal no puede ni debe motivar una decisión de tal envergadura, que requiere un análisis riguroso que la avale, más allá de una percepción a la ligera. Si existe esta valoración técnica debería hacerse pública, para que los perjudicados conozcan por qué este verano no y los anteriores sí. Qué ha cambiado para que ahora exista un riesgo real y qué se puede hacer para resolverlo. Quedan a la espera.

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