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Opinión | La atalaya

Arqueólogo

Califas XLIII

El imperio romano de Oriente era la fuente de toda doctrina protocolaria

Ya les conté que los asuntos de protocolo suelen estar relacionados con la doctrina política del poder y, sobre todo, con la manera de ejercerlo. Y, cuando existe -siempre en mayor o menor medida lo hace-, revela mucho de la organización y, sobre todo, de la doctrina política de los Estados y de sus dirigentes. Por eso me he detenido tanto en aspectos de apariencia nimia, pero ya muy presentes en las monarquías medievales. Y, no se olvide, por eso estoy haciendo este inciso tan largo escribiendo sobre los califas de Al-Ándalus, que Córdoba era un poder político emergente. Pasó de ser una simple provincia, distante, del califato omeya de Oriente a una monarquía independiente, en lo político, pero sin suficiente autoridad moral como para restaurar el califato, usurpado por los abbasíes de Iraq. Eran sunníes y justificaron el exterminio de la dinastía siria -Siria e Iraq poseen, históricamente, un carácter muy diferente; la primera, por el predominio de la tradición romana y, el segundo, de la iraní- en acciones supuestamente ilegítimas, cuando no inventadas. Sólo cuando el emir Abd Allah consiguió que todos los notables de Al-Ándalus aceptaran, nominalmente, a su nieto y éste, proclamado emir (príncipe) acabó por meterlos en vereda, como emir al-mu’minin (Príncipe de los Creyentes) la situación varió de un modo muy radical. Especialmente en el aspecto religioso.

El nuevo poder, que se reclamaba sucesor de sus ancestros orientales, alzó su enseña frente a los golpistas abbasíes y ante los insidiosos fatimíes (chiíes), extendidos por el norte de África y mucho más cercanos y peligrosos. Por eso el protocolo era algo esencial. Era una manifestación de la categoría de los omeyas en lo religioso y en lo político. Ante musulmanes y cristianos. Y ante la lejana, pero tan presente, corte de Constantinopla. El imperio romano de Oriente era la fuente de toda doctrina protocolaria. Demostrar categoría ante él emperador de los romanos era mucho más que un gesto. Doy este frenazo antes de entrar en el escenario final de la embajada de Juan de Gorze. Estoy convencido de la santa paciencia de todos mis lectores. Pero las fechas mandan. Volveré en septiembre y les deseo y feliz y fresco agosto.

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