Opinión | Disidencias
Faros
Badajoz posee una inteligencia colectiva distribuida entre profesores, comerciantes, investigadores, artistas, empresarios, sanitarios, funcionarios, agricultores, estudiantes, periodistas y asociaciones. Ninguno explica por sí solo la ciudad. Todos juntos la hacen comprensible
Cada mañana, antes incluso de que abran los comercios, Badajoz ya ha comenzado a construir su opinión pública. No sucede en un único lugar ni bajo la dirección de nadie. Ocurre simultáneamente en una cafetería de Valdepasillas, en un despacho del Hospital Universitario, en un laboratorio de la Universidad de Extremadura, en una oficina de una empresa del Parque Científico y Tecnológico, en una asociación vecinal, en una conversación entre comerciantes de Menacho, en la frontera de Caya y, desde hace algunos años, también en decenas de grupos de wasap y perfiles de redes sociales.
Una ciudad de tamaño medio posee una característica extraordinaria: casi todo termina conectado. La distancia entre quien genera una idea y quien la escucha es mucho menor que en una gran metrópoli. Por eso resulta posible detectar algo que los sociólogos denominan el clima de opinión, esa atmósfera invisible que determina qué asuntos preocupan, cuáles emocionan y cuáles pasan inadvertidos en Badajoz. Su condición fronteriza, su relación cotidiana con Portugal, la influencia de Mérida como capital administrativa, la importancia del comercio, la universidad, el sector sanitario y la Administración configuran una circunstancia singular. Esa circunstancia produce también una forma específica de pensar.
Existe la tentación de creer que la opinión pública la crean únicamente los políticos o los medios de comunicación. La realidad es bastante más compleja. Hay algunos faros que alumbran a Badajoz o señalan el camino. Los primeros faros son los intelectuales, aunque hoy conviene entender ese término de manera amplia. No son solamente escritores o académicos; también lo son investigadores, juristas, economistas, médicos, arquitectos, ingenieros, profesores y periodistas capaces de interpretar lo que sucede antes de que los demás encuentren palabras para explicarlo. Bourdieu sostenía que el conocimiento constituye una forma de capital. Una ciudad que produce conocimiento también produce mejores conversaciones.
Pero existen igualmente faros culturales. El MEIAC, el Museo Arqueológico, el teatro López de Ayala, la Feria del Libro, el Festival Ibérico de Música, el Carnaval de Badajoz o el Festival Ibérico de Cine no solo programan actividades. Generan relatos comunes. Después de una exposición, de una representación teatral o de un concierto, la ciudad habla de sí misma. Como escribió George Steiner, "la cultura es lo que humaniza". En realidad, también es lo que conecta. La cultura es, en palabras de Steiner, "lo que queda después de haber olvidado todo lo aprendido". Lo que permanece son las preguntas que deja abiertas.
Hay además una categoría menos visible, aunque probablemente resulten más influyentes: los faros sociales.Voluntarios de organizaciones sociales, responsables de entidades cívicas o asistenciales, profesionales sanitarios, docentes, entrenadores deportivos o líderes comunitarios conocen la ciudad desde abajo. Detectan antes que nadie el aumento de la soledad, la dificultad para acceder a la vivienda, los cambios demográficos o las nuevas necesidades familiares. Conocer una ciudad implica escuchar a quienes la recorren diariamente desde perspectivas distintas. Ningún indicador económico sustituye la conversación con quien atiende un pequeño comercio, conduce un taxi o trabaja en un centro de salud. En Badajoz existe un tejido asociativo que, lejos de hacer ruido, sostiene buena parte de la conversación pública.
Por último, aparecen los faros económicos. Los empresarios, los pequeños comerciantes, las cooperativas agroalimentarias, las empresas logísticas, el sector tecnológico emergente y el tejido industrial poseen una influencia silenciosa, pero decisiva. Cuando una empresa invierte, la ciudad gana confianza; cuando otra cierra, el pesimismo se contagia con sorprendente rapidez. John Maynard Keynes utilizó la expresión 'animal spirits' para explicar cómo las expectativas condicionan la economía. En una ciudad media sucede algo parecido: la confianza circula con rapidez, pero también el pesimismo. El relato económico se convierte así en un componente esencial del relato social. Toda ciudad tiene una piel. No una piel física, sino emocional. Es posible recorrer Badajoz y percibir cuándo existe ilusión o cuándo domina la incertidumbre. Se aprecia en la ocupación de las terrazas, en el movimiento del pequeño comercio, en la actividad cultural, en el ambiente universitario, en el uso de los espacios públicos o incluso en la intensidad de las conversaciones cotidianas.En Badajoz esa piel social puede apreciarse en múltiples escenarios: el ambiente de los barrios, las conversaciones tras un partido del Club Deportivo Badajoz, la asistencia a las actividades culturales, las inquietudes del comercio local o los debates sobre movilidad, vivienda, patrimonio o empleo. Son pequeños indicadores que, unidos, ofrecen una imagen mucho más precisa que cualquier encuesta aislada.
El escritor Italo Calvino afirmaba en 'Las ciudades invisibles' que “la ciudad no cuenta su pasado, lo contiene”. También contiene su estado de ánimo. La piel social cambia lentamente. No responde únicamente a indicadores económicos. Una ciudad puede crecer y, sin embargo, sentirse estancada; puede atravesar dificultades y mantener intacta su esperanza. Los sociólogos saben que las emociones colectivas poseen una enorme importancia política y cultural. El clima de opinión tampoco permanece estable. Elisabeth Noelle-Neumann desarrolló la teoría de la "espiral del silencio", según la cual muchas personas expresan o silencian sus opiniones dependiendo de la percepción de cuál sea la posición mayoritaria. En una ciudad donde muchas personas se conocen, este fenómeno puede resultar aún más intenso: una conversación en redes sociales puede trasladarse pocas horas después a un café, a una oficina o a una reunión vecinal. Los temas de actualidad se encienden cuando coinciden tres elementos: un hecho relevante, una emoción compartida y un espacio donde discutirlo. Del mismo modo, se apagan cuando aparece un asunto nuevo, cuando se resuelve el problema o cuando la ciudadanía deja de encontrar incentivos para seguir hablando de él.
Badajoz posee una inteligencia colectiva distribuida entre profesores, comerciantes, investigadores, artistas, empresarios, sanitarios, funcionarios, agricultores, estudiantes, periodistas y asociaciones. Ninguno explica por sí solo la ciudad. Todos juntos la hacen comprensible. Porque una ciudad media no funciona como un parlamento permanente. Funciona como una conversación. Y mientras esa conversación permanezca abierta, plural y exigente, seguirá produciendo aquello que constituye la verdadera riqueza de cualquier comunidad democrática: una opinión pública capaz de pensar por sí misma.
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