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Opinión | Cotidianidades

Badajoz

Otro agosto, otra despedida

Volveré, aunque volver no sea regresar al mismo lugar de donde me fui, porque también en el SES se está acabando el contrato que me hicieron hace 40 años, cuando el SES era el Insalud

Atardecer en el Guadiana.

Atardecer en el Guadiana. / Diego Algaba Mansilla

Como dicen en las series de televisión, otra temporada que acaba. No me gusta utilizar la palabra temporada, que me suena con acento americano, como artificial, como poco nuestro. Realmente lo que quiero decir es que el mes de agosto nos vamos de vacaciones. Dejo de escribir, más bien de publicar, porque un apasionado de la literatura nunca deja de leer ni de escribir, aunque no esté tocado por el talento literario y se maneje solo con los recursos del trabajo, y el afán. Dejo de publicar para que ustedes descansen de mí, y yo de mi portátil, de mis paseos por la ciudad con los sentidos abiertos acompañado de lápiz y papel.

Me voy de vacaciones en agosto como los de los bancos y los juzgados, como los comerciales y los de algunas tiendas y talleres, como los que se pueden permitir pagar unas vacaciones en un mes cada año más caro que el anterior. Hace unos años casi todos los trabajadores tenían vacaciones en agosto, excepto los maestros y profesores, que además de agosto tenían el mes julio y parte de septiembre. Actualmente, a los trabajadores que lo permiten sus empresas, reparten los días festivos a lo largo del año para evitar precios abusivos y aglomeraciones innecesarias en las puertas de los museos, sobre todo hacen cola en los museos de otra ciudad los que no conocen las exposiciones de la suya. También se forman en agosto colas en los chiringuitos de playa para comer una paella con una jarra helada de cerveza, o un tinto de verano, colas para pedir unas sardinas que llaman espeto, o boquerones fritos.

Este es el último artículo de este curso, espero volver en septiembre como los estudiantes a sus estudios y a sus costosos pisos de alquiler, esos pisos desde donde perfuman las escaleras del bloque con el olor inconfundible a macarrones con tomate, y arroz a la cubana acompañado, en algunas ocasiones, con unos toques dulzones de hachís.

Volveré en septiembre a la calle para encontrarme con esa muchacha coqueta y seductora que se pasea por el barrio con un pantalón corto parecido al que utiliza Isabel Díaz Ayuso para ir a los incendios. En septiembre volveré a la calle para escuchar a los que hablan mientras van caminando solos, que son a los que más atención presto, intento descifrar sus palabras y sus laberínticos pensamientos que en la mayoría de las veces son iguales de simples que los míos; observaré a los que van hablando con sus perros; a los pelirrojos por si alguno es el alcalde para decirle que mire al suelo y vea cómo están las baldosas; saldré para ver a los bien vestidos, a los que en lugar de gorra llevan sombrero; a los que hablan entre ellos con el acento musical de los latinos, a los argentinos leñeros; a los borrachos de alcohol y a los borrachos de sueños que a veces son los mismos; a los pijos sin dinero; a los obreros con pegatina de Vox; a los que van en bicicleta por la acera, a los que van en patinetes también por la acera, a las personas mayores que llevan andador y se paran para descansar sentándose en su propio aparato; a los que van andando deprisa camino del trabajo, a los pensionistas que van andando despacio en busca de una obra; a los guapos que se dan el pisto, y a los feos que también se lo dan porque si no te vendes no eres nadie; a los sencillos; a los que van canturreando por la calle canciones de los Chunguitos; a los que fuman, que cada vez están más acorralados; a la señora que lleva bien agarrado el bolso y rechaza los abrazos como si en alguna ocasión le hubieran dado el timo amoroso; a un chino jugando a la máquina tragaperras: a los que se defienden mal en la conversación política, diciendo lo mismo y con las mismas palabras que los tertulianos televisivos.

Me voy hasta septiembre si no me sustituyen por la inteligencia artificial. Para ello solo hay que poner en Google, mostrar un artículo del estilo Diego Algaba y entonces sale un texto más bonito del que yo pueda escribir donde dice cosas como: “Avanzo a paso lento observando el baile de siempre. Unos jubilados arreglan el mundo sentados en un banco de San Francisco, gesticulando con la vehemencia de quien posee todas las respuestas aunque ya no tienen prisa por convencer a nadie”.

Tambien dice el artículo de la inteligencia artificial de estilo Diego Algaba: “Dicen que la nostalgia tiene más de lo que anhelamos que de lo que realmente vivimos, puede ser. Tendemos a maquillar los recuerdos, a ponerle un filtro amable para que el pasado siempre parezca un lugar mejor, sin embargo, al mirar nuestra ciudad uno no puede sentir un pellizco. Las cosas cambian, los negocios de toda la vida cierran para dar paso a frías y desalmadas franquicias y los rostros con los que antes te cruzabas a diario se difuminan en el mapa de la memoria”. Voy a dejar el artículo elaborado por inteligencia artificial mientras imitaba mis textos y no voy a poner lo del"tintineo de la cucharilla en la taza del café que me devuelve a la realidad”. No voy a copiar más del artículo y dar ideas a la directora de este periódico para que me cambie de verdad, porque me gusta estar con usted cada viernes.

Me voy de vacaciones y ahora para terminar busco una fotografía en mi archivo de fotos, Voy a poner hoy a modo de despedida una fotografía que me guste, una foto sin pretensión, sin significado, voy a poner una fotografía que solo sea bonita, porque lo que más busco en las fotografías, más que la técnica o las últimas tendencias, es la belleza. Me gustan las cosas que solo sirven para gustar.

Espero verlos en septiembre con más tiempo y sosiego después de estas vacaciones. Volveré, aunque volver no sea regresar al mismo lugar de donde me fui, porque también en el SES se está acabando el contrato que me hicieron hace 40 años, cuando el SES era el Insalud. Pasaré del camino diario hasta el Centro de Salud a los viajes del Inmerso. Y si al final el día se hace largo sin actividad, siempre quedará poder admirar los edificios en construcción, las obras.

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