Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Opinión | EL EMBARCADERO

Periodista y profesor

Posicionarse

En estos tiempos de involuciones y regresiones, en un planeta lleno de injusticias, desigualdades, frustraciones, desencuentros, peligros, riesgos y un sinfín de malas sensaciones, resulta imprescindible posicionarse ante los muchos retos a los que nos enfrentamos, da igual que se sea famoso o no

Los incendios forestales siguen provocando desazón, pesadumbre. Se repite la historia un verano más, no solo en España, también en Grecia, Francia o Portugal. Si en 2025 nos sobrecogió, por ejemplo, el de Jarilla, en Extremadura, este verano le ha tocado a Almería, Guadalajara, Castellón, Ávila, Madrid, Toledo o Zamora, entre otros territorios peninsulares. Los fuegos no entienden quién gobierna en el Estado o en las comunidades autónomas. Interpelan para que se pongan de acuerdo los poderes públicos con el objetivo de acabar con este drama que nos asola cada temporada estival. Ya nos lo venían advirtiendo los expertos en crisis climática y gestión forestal pero como quien oye llover. Parece que interesa más la confrontación y el choque partidista-político entre dirigentes, por ejemplo, de la Comunidad de Madrid y del Gobierno de España que cómo coger el toro por los cuernos, es decir, cómo acabar con este tipo de desastres medioambientales.

Está claro que el cambio climático está detrás de estos voraces megaincendios, no se puede obviar esta emergencia que se ha de encarar de manera estratégica, planificada y coordinada entre diferentes administraciones públicas, empresas y la sociedad civil en su conjunto. Ahora bien, también hay que escuchar a quienes entienden de gestión forestal y poner encima de la mesa medidas que resulten eficaces para prevenir y mitigar estos fuegos, que cada vez son más agresivos y complejos al afectar a urbanizaciones, pueblos y ciudades. ¿Nos podemos imaginar qué hubiese pasado si hubieran estado más cerca de zonas periféricas de grandes urbes como Madrid o Barcelona? Hubiese sido muy complicado extinguirlos y cómo abordar desalojos y confinamientos, en un claro problema de seguridad y de salud pública, pues la inhalación de humo -ya sabemos- genera distintas afecciones.

A pesar de la magnitud que adquieren, no nos puede vencer el catastrofismo y se ha de valorar cómo, dentro de esta tragedia del fuego de Burgohondo (Ávila), el mayor incendio de la historia de España, no hay que lamentar la pérdida de vidas humanas, sin duda lo más desolador. No ocurrió así, por desgracia, en el de Almería. Carecemos de recetas mágicas para acabar con estos repetidos y funestos episodios que copan titulares cada estío. Tal vez una clave estriba en entender los incendios como una cuestión también de protección civil y de cultura de riesgo, por lo que exige proteger núcleos de población, teniendo en cuenta a quienes más conocen el terreno, como agricultores y ganaderos. Otro punto fundamental es la prevención a gran escala, con la gestión forestal establecida estratégicamente de determinados terrenos, de en torno a un millón de hectáreas como mínimo, según indican especialistas como Víctor Resco, catedrático de Ingeniería Forestal. Y, por supuesto, mejorar la extinción en cuanto a su mayor dotación presupuestaria y a su calidad y capacidad de análisis, de anticiparse, para ser más efectivos.

Sin embargo, en lugar de prestar oídos a quienes conocen de verdad cómo afrontar este desafío, nos dejamos llevar por las estupideces y los bulos que lanzan algunos, de forma maliciosa, incluso por parte de caras conocidas, como es el caso de Miguel Bosé. Ya nos tiene acostumbrados a manifestar públicamente su postura sobre diversas cuestiones de actualidad y política. Lo hizo durante la pandemia de covid-19, con sus controvertidos mensajes, y ha vuelto a las andadas, a cuenta de las hectáreas quemadas en el centro de la península. Ahora carga contra la Agenda 2030 y los ecologistas, con palabras con las que él mismo se retrata, su catadura: «Espero que en el próximo infierno sean ellos los que ardan», esparciendo bulos como el archiconocido que dice que se impide limpiar o desbrozar los montes. Una más de las mentiras que circulan en redes sociales. Qué distinto el comportamiento improcedente de este cantante frente a otro, como Miguel Ríos, que, hace unos días, con el pañuelo palestino en los hombros, respondió a los gritos de un asistente que lo criticaba durante su concierto en Marbella por hacer, según decía, politiqueo. ¿Cómo se puede uno callar ante un genocidio que está cometiendo el gobierno de Israel contra los palestinos? Vivimos una época en la que parece que el posicionamiento molesta, venga de donde venga. Un artista expresando sus ideas parece incomodar a determinados sectores, incluidos ciertos individuos que van a un concierto de Miguel Ríos, quien, a sus 82 años y con más tablas que un teatro, sabe bien lo importante que es posicionarse en la vida, como animal político que es.

La solidaridad con el pueblo masacrado, bajo el lema 'Free Palestine', no gusta. Si te manifiestas contra el cambio climático, tampoco. Que se vaya a apoyar a una anciana a la que van a desahuciar porque no puede pagar el alquiler se puede calificar de postureo. Defender los derechos LGTBIQ+ incordia, al igual que abanderar la igualdad de género. A los artistas, muchos los quieren o lejos o mudos pero no incómodos. Y no parece que eso se vaya a conseguir porque lo de posicionarse ha pasado siempre en el mundo literario y artístico: contra el terrorismo de ETA, contra las guerras, contra aquello que se considera injusto, inhumano… Miguel Ríos, Ana Belén, Víctor Manuel, Dulce Chacón, Almudena Grandes, Pedro Almodóvar, Willy Toledo, Susan Sarandon, Leonardo DiCaprio, Bruce Springsteen, Javier Bardem o Penélope Cruz son solo un reducido número de valientes profesionales con proyección que decidieron dar un paso al frente y comprometerse. En estos tiempos de involuciones y regresiones, en un planeta lleno de injusticias, desigualdades, frustraciones, desencuentros, peligros, riesgos y un sinfín de malas sensaciones, resulta imprescindible posicionarse ante los muchos retos a los que nos enfrentamos, da igual que se sea famoso o no. Nos va la vida en ello y, en ese camino, siempre habrá espacio para la belleza, el bienestar, las luchas justas y las esperanzas en un mundo mejor.

Tracking Pixel Contents