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Opinión | Diario de sol

Un verano en BadaYork, parte 2

Continuamos viviendo el tórrido verano en Badajoz. A estas alturas, yo estaré remojándome en mi mar de Portugal, pero la última semana ha estado llenita de eventos, y claro, tengo que contarlos

Ulises, Javi Mojave y Sergio Cepeda con Sol. Atardeceres del Guadiana

Ulises, Javi Mojave y Sergio Cepeda con Sol. Atardeceres del Guadiana / Marisol Torres

Alguien me ha dicho que me estoy pareciendo a Lady Whistledown, de los Bridgerton, serie que no me ha dado tiempo a ver, ya que soy mucho más de Black Mirror, La Criada y distopías que cada vez se acercan más a nuestra realidad que a cortes británicas que desconozco. Será porque me gusta la república de mi casa más que las coronitas inglesas. Además, si tengo que ser alguna columnista, me he pedido siempre a Carrie Bradshaw, de Sex in the City. Vamos, yo y la mayoría de vosotras, y alguno que yo conozco, mataríamos por un vestidor como el suyo y unos cuantos pares de Manolos… No digáis que no.

Dispuesta mi máquina de coser palabras, comienzo con el último miércoles de julio en el Embarcadero. Puesta de sol siempre única reflejada en un Guadiana que se llenaría de sonidos. Aftásico DJ a los platos en los que la música la puso Ulises, muy bien acompañado por Javi Mojave a la percusión y Sergio Cepeda con los que compartió varios temas. Javi Mojave natural de Montijo, localidad de muchísimo talento musical, es intérprete y construye instrumentos con los que fusionar jazz y otras músicas con sonidos africanos.

Sergio Cepeda, de Cuacos de Yuste a la voz, pasando por todo el territorio extremeño. Sergio es compositor, cantante y está a punto de sacar un EP, Valiente. Como él y la mayoría de la gente que hace música en Extremadura. Todas y todos recorren fiestas, festivales por este territorio nuestro dejándose muchas veces las ilusiones en los kilómetros, pero las ganas nunca desaparecen. Ulises, nombre de héroe que ahora se ha puesto de moda con la última adaptación de la Odisea, lleva muchos años dedicado a la música. Ha sido, Ulises y los Libros, Ulises y Cira, Ulises versionando al gran Antonio Vega.

Yo me quedo con Uli, que para algo hemos compartido momentos musicales y pandilla. Mi tema preferido de sus versiones es el que hace de una de las canciones de su padre, Enrique Fernández, cantante de la mítica banda pacense, Acción Rock Band. Y he visto todos los colores de las flores, y he contado todas las estrellas, y he sido una de ellas. Recordaré esta canción toda mi vida, ya que mi primer concierto de rock fue el de Miguel Ríos en su gira Rock & Ríos, a su paso por la plaza de toros de Badajoz, teloneados por Acción Rock Band. Era 1982 y nos llevó mi hermano Tomás a los dos Torres pequeños.

Entonces, a las y los menores de edad no nos hacían firmar una autorización paterna o materna como ahora, imprescindible en cualquier evento.

Qué maravilla de primeras veces musicales que te hacen escuchar la vida desde otras perspectivas. Cuarenta años después la canción sigue sonando preciosa y su letra forma parte ya de la historia musical de Badajoz. Gracias a todos por hacer que la casita rodante junto al río se hiciera hogar nocturno de corazones de colores.

El jueves Niño Índigo inundaba el patio central del Hospital Centro Vivo de canciones, tan suyas, tan delicadas. No venía solo. Le acompañaban Elena al chelo y coros aterciopelados y Víctor Sánchez al teclado y ukelele. Tengo que decir que su mujer es mi amiga Maricarmen Valdivia y que fuimos compañeras de aventuras y boda mexicana. Pero eso será contado en mis diarios de viajes.

El mundo de internet explica que los niños índigos poseen un aura azul brillante y capacidades especiales, como las que transmite Niño Índigo de adulto. Gracias por las canciones y las menciones a toda la gente que de la música ocupaba gran parte del público.

Chuli Solaris, Jorge Navarro, Lucas Sáenz, J. Cantarrana, Tini Gatamusa. Gracias. Desde aquí pido de nuevo la sonorización del patio en el que se hacen los conciertos en el Hospital Centro Vivo. No puede ser que joyitas musicales se pierdan en el abismo en el que desde hace años vagan almas que allí perecieron, entre velos de monjas que algunas veces, sólo algunas, bajan a bailar unos temas cerca del público. Musicales ya, continuamos el jueves en Ciudad de San Andrés que estaba ocupado por el flamenco del Perrete.

Yo, que soy poco flamenca, flipé. Con su cante, su pose, el grupo que le acompañaba y su bailaora que encandiló al público, de todas las edades, que abarrotaba la Ciudad Encendida en su versión Porrinas moderno. Se nota que es flamenco de Badajó y lleva en la sangre esa forma flamenca pacense propia.

Dejamos el viernes para menesteres de ahijadas y comadritas para llegar a un sábado muy especial. Dentro del recinto de la Alcazaba en la batería del Rosario, justo a la hora en que el cielo deja de ser azul para convertirse en lilas infinitas, Raquel Sandes y Kaele pasaron de los tangos a los fados con una maestría propia de Raquel, que fue voz de Acetre y que después de un parón importante volvió a los escenarios gracias a Luis Pastor y a su mujer, Lourdes Guerra, a quienes dedicó uno de sus temas.

Kaele tiene un don, el del oído musical absoluto y derrochó temazos de jazz con una maestría increíble. Kaele y Raquel nos regalaron un tema inédito de Gene. Como me contó Antonio Vega, cuando Gene y Kaele se conocieron, la conexión entre ambos fue inmediata. Compartían la misma pasión por el jazz y una sorprendente cultura musical. Por eso Antonio Vega contó con Kaele como pianista en Génesis, el único disco en solitario de Gene García, cuya producción se realizó junto al propio Gene. Viajaron a Lisboa para grabar The King of Universe, el tema que cierra el álbum. Hoy, aquel joven prodigio se ha consolidado como uno de los pianistas más brillantes de su generación dentro del jazz y el jazz flamenco. Espectacular cierre de Kaele y Raquel a la que quiero y admiro, con fados que nos hicieron derramar lagrimitas a más de una. Larga vida a la Ciudad Encendida que nos descubre espacios poco transitados para la música, pero que pone en valor nuestro patrimonio más cercano y no tan conocido como se merece.

Badayork ha dejado de ser un páramo cultural de estío para ponerse elegante, sin corbata, con guayabera, que son tendencia.

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