Opinión | Fragmentos de Badajoz
Las tres mujeres que financiaron las obras de la plaza Alta
La más importante de todas las casas era la que, seguramente, se edificó en el siglo XVI. Pintada de blanco, no sería derribada en su totalidad y conserva dos balcones con columnas y capiteles renacentistas

Casas de la plaza Alta. En la parte inferior la torre de los Caballeros. / Pedro Castellanos
El propio obispo Juan Marín de Rodezno citaba que hizo «muchas y costosas obras que, por nuestra devoción, y a nuestras expensas, se han fabricado y perfeccionado en nuestra Santa Iglesia [Catedral] de esta dicha ciudad, de que necesitaba para su mayor lucimiento y adorno, y para que en ella se celebrasen, como se celebran los divinos oficios, con la autoridad, esplendor y decencia de catedral tan antigua y tan condecorada y otros privilegios que le constituyen en la categoría de las primeras de España (…) en la fábrica de la capilla mayor, presbiterio, coro, clausura, claustro y otras obras que, a nuestra costa, se ha hecho en el convento de Nuestra Señora de las Mercedes Descalzas, como también en la iglesia, sacristías, coro y torre que se están fabricando en el convento de religiosas agustinas de Santa Catalina Mártir». Este convento, luego desamortizado, fue después el Instituto Bárbara de Braganza.
También mandó hacer la capilla de la Magdalena de la catedral, donde fue enterrado él, su retablo dorado y la capilla del Cristo del Claustro, que se había iniciado en 1701. Ya sabíamos que gran parte de las obras de la plaza fueron financiadas por Marín de Rodenzo y el cabildo de la catedral. Él mismo lo explica en una escritura de 1701: «sin retirar la vista, devoción y atención del culto divino, nos pareció conveniente aplicarla al bien público de esta muy noble y muy leal ciudad de Badajoz, correspondiendo al filial amor que nos han tenido y tienen sus hijos y moradores, a la reedificación de su plaza principal, donde se juran y proclaman los señores reyes de esta monarquía y celebran las fiestas y regocijos públicos. A falta de los medios necesarios para la dicha obra por los empeños de sus propios, tomamos a nuestro cuidado la reedificación de una parte de la dicha plaza, y la otra los señores deán y cabildo de dicha nuestra Santa Iglesia, como patronos de algunas obras pías (…) habiéndose dado principio por una y otra parte a la dicha reedificación en el suelo y propiedad que por dicha ciudad se nos dio y se han fabricado y se están fabricando a nuestra costa ocho casas. Las cinco perfectas y acabadas por dentro y por fuera. Y en las tres principales que salen a la plaza, puestos balcones y rejas, todas tres contiguas. Que la primera linda con el Toril, y a ella pertenece el arco, bóvedas, balcón, ventana y azotea (que aún no están en perfección) de la bocacalle en que se forma el dicho Toril (…) y la última de dichas tres casas lindan y hacen ángulo con las que se ha edificado por dichos señores deán y cabildo. Y las dos restantes acabadas tienen las puertas a la calle de la Zerrajería [hoy El Brocense] y están quasi incorporadas, pero divididas de las tres que salen a la dicha plaza. Las tres restantes están comenzadas, las dos con postes y arcos enfrente de las de dichos señores deán y cabildo, ambas contiguas. Lindan por una parte con casas de dicha hospitalidad y por la otra con la que fue del convento de San Agustín de esta ciudad. La tercera comenzada, y que no sale a la plaza, hace esquina a la calle de Arjona [hoy San Lorenzo] y a la de la Zerrajería».
¿Quiénes fueron esas tres mujeres?
La primera de ellas fue, de forma indirecta, doña Damiana de León y Silva, viuda de Gabriel de León y Campos. Al mencionar esa primera de las tres casas principales, la que lindaba con el Toril, se citaba que la segunda lindaba «por aquella parte con casa que nuevamente se ha levantado del caudal que doña Damiana de León, difunta, dejó para la hospitalidad y curación de mujeres pobres y enfermas». El dinero se sacó de la obra pía que ella fundó y se le debería dedicar de nuevo una calle en nuestra ciudad, pues se le cambió por el de Montesinos. Las otras dos mujeres que sufragaron las obras aparecen también en ese texto de 1701: «Y para el costo que han tenido las dichas casas, hasta ponerlas en el estado en que de presente están, nos hemos valido de 13.000 reales de vellón propios de doña Ana Márquez Negrete, vecina de esta ciudad, del capital y réditos que se le redimió y tenía a su favor en la ciudad de Toledo. De 11.000 reales de vellón de doña Juana del Puerto, doncella, vecina de esta ciudad, que por modo de depósito tenía en poder de Francisco de Silvera, vecino y mercader de ella, de donde los mandamos sacar, con permiso y consentimiento de la dicha doña Juana». También sabemos cómo financió el obispo su parte. Fue «de los frutos de nuestro mayorazgo que tenemos en la villa de Briones [La Rioja], de la Diócesis de Calahorra y la Calzada, y beneficio patrimonial simple, servidera en la iglesia parroquial de dicha villa, de las pensiones anuales sobre prebendas de la Santa Iglesia de Burgos y Ávila, que con dicho beneficio teníamos y gozábamos antes de nuestra promoción de este obispado, y después de ellas hemos gozado y gozamos en virtud de concesión y breve apostólico para su retención. Y también de todos los maravedís y derechos del provisorato de este dicho obispado que, por nuestra propia persona hemos ejercido y estamos ejerciendo de muchos años a esta parte; porciones todas tan considerables y cuantiosas, que casi han sido suficientes para el costo que han tenido las dichas casas hasta ponerlas en el estado en que al presente se hallan».
El obispo donó esas casas al cabildo de la catedral en ese mismo año de 1701: «Y porque algunas de las dichas casas de la plaza están comenzadas y, para poderlas acabar, continuar su fábrica con mayor seguridad y estabilidad, podrá sernos preciso hacer a nuestra costa otra u otras contiguas a ellas en el sitio y suelo que ocupaba la que fue del convento de San Agustín de esta ciudad, que, por no querer o no poder reedificarla, la ha demolido y cedido a la ciudad, para que se continúe la obra de dicha plaza. Y la ciudad nos ha hecho cesión de dicho sitio». De ellas podemos destacar esa primera junto al Toril (zona 1), que tenía «un balcón que está por cima de un arco que entra al Toril (…) con sus balcones y rejas de hierro». También fueron donadas las del rincón de enfrente de esas Casas Coloradas, que «por una parte y por la otra hace ángulo y rincón con las que de parte de dicho cabildo se han fabricado». Podemos destacar otra pequeña, pintada de color blanco: «en la calle de la Cerrajería, acabadas de fabricar del todo, que por la parte de arriba hacen esquina que vuelve por la mano izquierda al Toril y plaza por donde lindan con las mismas casas que están contiguas al Toril y dicha plaza. Y las de esta posesión dan vista al mesón que se nombra del Rincón». Este mesón estuvo en las traseras del actual edificio de Servicios Sociales.
La más importante de todas las de esa calle era la que, seguramente, se edificó en el siglo XVI (zona 2). Pintada de blanco, no sería derribada en su totalidad y conserva dos balcones con columnas y capiteles renacentistas. Una pena que siga con esa maraña de cables desde hace años. Se citaba «que hace esquina a dicha calle de la Serrajería y vuelve [saliendo] a la mano derecha a la calle de Arjona [hoy San Lorenzo], por donde linda con casas fabricadas por dicho cabildo y por las espaldas con las dichas casas perfeccionadas». De las construidas dentro de la plaza, podemos destacar las construidas delante de la barbacana de la alcazaba (zona 3). Se citan «dos moradas de casas empezadas a fabricar, con sus postes, bóvedas y primeras ventanas, que no están acabadas de perfeccionar, linde la una con la otra, y están en la plaza Pública, de frente en las que en ella fabrica dicho cabildo eclesiástico. Y linda la una por la parte que mira al Toril con casas de las que se fabrican para la dotación de hospitalidad y obra pía que fundó doña Damiana de León, difunta. Y por las espaldas con la barbacana y muralla del Castillo».
En esa misma zona, hacia las antiguas Casas Consistoriales, destaca otra colindante con la anterior: «Y la otra que mira a las Audiencias, y en la acera de ellas, con casas que fueron del convento de San Agustín de esta ciudad, que está la mayor parte demolida, y linda por la parte que mira al Toril con casas de que está tomada posesión en estos autos, y por la parte que toca a las Audiencias y cabildo con casas del convento de monjas de Santa Ana. Y por las espaldas con la torre que está en el Castillo y se nombra de los Caballeros». Esta torre, albarrana, se llama hoy ‘Abarlongada’, con base semicircular. Al parecer, fue usada como cárcel hace siglos. Es la que figura en la foto inferior.
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