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Incendios forestales

El párroco que salvó el santuario asturiano de El Acebo, rodeado por el fuego: "Me tocó sudar, pero no dudé"

Vecinos y feligreses colaboraron en la "evacuación" de la imagen de la Santina canguesa, que fue sacada del templo e introducida en un Golf TDI

La zona afectada por el incendio de Cangas de Narcea, a vista de dron

Mario Canteli / Amor Domínguez

Sara Bernardo

El Acebo (Cangas del Narcea)

Un fuego rodeando el santuario asturiano de El Acebo, un Golf TDI y una 'Santina' evacuada in extremis. Esos son los tres ingredientes de la peripecia que el párroco del santuario de El Acebo, Juan José Blanco Salvador, vivió el martes.

Lo que iba a ser un regreso rutinario desde Oviedo hasta Cangas de Narcea se convirtió el pasado martes en una carrera contra el tiempo. Blanco Salvador recibió una llamada angustiosa mientras conducía: un incendio forestal avanzaba peligrosamente hacia la ermita. La llamada era Pelayo Rodríguez, un feligrés que se encontraba en las inmediaciones del santuario como comenzaron las llamas: "Lo primero que hice fue intentar salvar la cruz de piedra que corona unas de las montañas que hay frente a la iglesia", relata Rodríguez.

"En cuanto me lo dijeron, supe que tenía que ir. No podía quedarme quieto", recuerda el parroco. Abandonó su rumbo inicial y se dirigió directamente al santuario. A su llegada, el humo lo cubría todo. "Se me rompió la mascarilla y con el humo no podía respirar, por eso en la foto salgo sin camiseta, la usé para taparme la boca", explicó ayer con la voz aún tomada por una jornada frenética en la que todo el mundo arrimó el hombro. Junto al enclave de El Acebo, en el restaurante 'Del Río', tampoco dudaron en tratar de salvaguardar el santurio del siglo XVI. Uno de sus copropietarios, José Manuel del Río, recordaba ayer como la rapidez con la que las llamas subieron la ladera y la actuación de los equipos de emergencia: "Me quedé porque en el bar tenemos mangueras y pensé que podría ser de utilidad". Del río se unió así a las labores altruistas de Juan José Blanco Salvador.

El sacerdote trató de frenar las llamas que se dirigían hacia el santuario. Su prioridad fue proteger tanto el edificio -reconstruído a lo largo de los últimos meses con la mayor inversión de la historia- como su valiosa imagen de la Virgen del Acebo. "Evacuamos a la Santina y la metimos en el coche para, llegado el momento, poder huir con ella a salvo", cuenta.

Aunque el fuego se detuvo antes de alcanzar la estructura principal, el párroco confiesa que lo más difícil no fue el calor, sino la asfixia. "Lo peor era el humo", repitió varias veces, como si las palabras pudieran disipar aún el recuerdo de la humareda espesa, que no los abandonó en la jornada de ayer, con varios focos aún humeantes.

Gracias a la rápida intervención de todos, el santuario y su virgen se encuentran a salvo. La ermita, enclavada en un paraje de gran valor histórico y devocional, respira tranquila una noche más, mientras su párroco vuelve a su rutina, ya más relajado: "Me tocó sudar", bromeaba al día siguiente. Y lo hacía con la certeza de que, llegado el momento, volvería a actuar sin dudarlo.

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