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ENTREVISTA | Maite García García Profesora del Colegio Santa Engracia de Badajoz

“Los niños y niñas me aportan mucho. Sé que no soy imprescindible, pero quiero pensar que soy necesaria para ellos y ellas”

Lleva más de veinte años como docente en el Colegio Santa Engracia, un centro ubicado en un entorno complicado que ha puesto en marcha proyectos innovadores para crear ilusión entre el alumnado y sus familias. Maite García prefiere permanecer en él, consciente de que la educación es la llave del cambio.

Maite García García, profesora del Colegio Santa Engracia de Badajoz

Maite García García, profesora del Colegio Santa Engracia de Badajoz / Santiago García Villegas

Hace unos años, en el cincuenta cumpleaños del centro, señaló que este tipo de colegios hace que compañeros y alumnos se unan más. ¿Por qué?

Es un colegio de atención preferente. Está ubicado en un barrio marginal, lo que conlleva que tengamos dificultades de aprendizaje. El entorno es complicado, con carencias socioeconómicas, culturales, emocionales… Las y los niños están marcados por ello. No se trata de echar la culpa a nadie, cualquiera estaría en la misma situación si se criase en un ambiente desfavorable.

Nosotros hacemos todo lo que podemos, somos un equipo humano de profesionales que trabaja unido. Vamos todos y todas a una, sabemos cuáles son nuestros objetivos y funcionamos muy bien dentro de las dificultades con las que nos encontramos.

La docencia se ha reinventado en este centro a través de proyectos como “Clases por colores”. ¿Qué se perseguía? ¿Se cumplió el objetivo?

Llevo veintiún años trabajando como docente en este centro. En todos estos años se han puesto muchos programas en marcha, proyectos para hacer las cosas de manera diferente, para generar ilusión. Ilusión para los niños y niñas, pero también para nosotros y para favorecer la implicación de los padres y madres.

“Clases por colores” facilita la labor del profesorado, también la del alumnado. Es pronto para evaluar si los objetivos se han cumplido, pero estamos contentos.

Más de cincuenta años después de la existencia de este emblemático colegio de la barriada de “Los Colorines”, ¿qué hitos se han alcanzado?

Hemos logrado que los niños y las niñas vengan al colegio, que acudan al centro, a pesar de sus dificultades, con entusiasmo. Porque sí, todavía nos cuesta que los alumnos y las alumnas vengan a diario al colegio. Cuando están aquí, están en un ambiente agradable, salen de las rutinas complejas del barrio, se encuentran en un lugar seguro. Están contentos.

Hay días difíciles porque los conflictos del barrio llegan al colegio, pero hemos conseguido que los niveles dentro del aula se equilibren. Cuando llegué al centro, hace ya más de veinte años, había diferentes niveles en una misma clase, algo que se percibía más a medida que se avanzaba de curso. Ahora, al estar agrupados por niveles, las y los estudiantes no perciben esas diferencias de niveles educativos. 

En el lado opuesto, ¿qué falta por hacer?

Aquí siempre hay cosas por hacer. Cosas tan elementales y básicas como que los niños y las niñas sigan acudiendo todos los días a clase, que sean puntuales. También que los padres y madres se impliquen en la educación de sus hijos, que perciban que ésta les brinda nuevas oportunidades. Cuando las familias se quejan de que el barrio no les ofrece posibilidades, les decimos que la clave es la educación, estudiar después; no hace falta una carrera, pero sí formación profesional. Intentamos concienciar a las familias, cuesta mucho, pero algunos salen de ese entorno.

Para usted, ¿qué le ha supuesto o aportado este centro como docente?

Como le decía, llevo veintiún años en este colegio, como docente más. Podría irme a otro centro. Este año, de hecho, he concursado, pero he renunciado. Lo he pensado y creo que me jubilo aquí. Estos niños y niñas me aportan muchísimo y quiero pensar que soy necesaria para ellos y ellas. Sé que no soy imprescindible, pero mi reto es hacerles ver que existen otras posibilidades para ellos y ellas. Esa meta me hace ir todos los días al colegio con entusiasmo y energía. Hay días complicados, pero nos entusiasma y compensa ver sus caritas.

¿Reciben suficiente apoyo?

Cada una de las partes de la sociedad que está representada en el centro hace todo lo que puede. Todos y todas trabajamos mano a mano. Es un colegio con muchos recursos, pero no es una cuestión de estos, sino de que se ubica en un entorno desfavorable, en un ambiente complicado.

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