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ENTREVISTA | Antonia Molina Diputada de Igualdad de la Diputación de Cáceres

«La mujer rural tiene un papel fundamental y es la verdadera protagonista de nuestro presente y de nuestro futuro”

Profesora, alcaldesa y diputada. Antonia Molina es una profesional todoterreno que conoce bien las dificultades de la mujer en el ámbito rural y lucha en diversos frentes por avanzar en su visibilización

Diputada de Igualdad de la Diputación de Cáceres. Antonia Molina.

Diputada de Igualdad de la Diputación de Cáceres. Antonia Molina. / Carlos Gil

Juan José Ventura

Juan José Ventura

Almoharín

Compatibiliza tres ámbitos muy exigentes -institución, municipalismo y aula-. ¿Qué parte de usted se activa en cada uno y qué le ha enseñado esa "doble/triple mirada" sobre la realidad de las mujeres?

En la institución se me activa la responsabilidad: pensar a medio y largo plazo, convertir derechos en políticas.

En el municipalismo se me activa el oído: allí no hay teorías, hay nombres, horarios imposibles, abuelas cansadas y mujeres que no llegan a fin de mes.

Y en el aula se me activa el corazón porque ahí se ve el futuro antes de que llegue.

Esa triple mirada activa mi visión plural de las mujeres de la provincia de Cáceres. Estoy conociendo la diversidad provincial. La mujer rural tiene un papel fundamental y es la verdadera protagonista de nuestro presente y de nuestro futuro. Su trabajo ha estado invisibilizado. Hoy somos mujeres formadas, preparadas, que hemos decidido quedarnos en nuestros pueblos. Y siento que eso es maravilloso.

Como diputada de Igualdad, ¿cuál diría que es el principal reto ahora mismo: prevenir la violencia, avanzar en la autonomía económica, impulsar la conciliación y los cuidados, o lograr la igualdad real en lo cotidiano?

La igualdad real en lo cotidiano, sin duda. Enseñar el respeto en las aulas es primordial y la única herramienta que tenemos para conseguir esa igualdad real. Tenemos vivir el presente, trabajando por esa igualdad tan deseada. Si lo hacemos, el futuro siempre va a ir a mejor. Hay mucho interés en que veamos esto como una lucha perdida.

Desde la alcaldía de un municipio como Almoharín, ¿qué necesidades específicas ve en las mujeres del medio rural y qué soluciones funcionan de verdad cuando el presupuesto es limitado?

Soy municipalista, de corazón y de razón. Los ayuntamientos son las puertas de urgencia de la vida. Aquí vemos casos reales de desigualdad. La mujer en el mundo rural necesita tener una red de transporte que la permita moverse por el territorio, escuelas infantiles para poder conciliar su vida laboral, centros de día, residencias de mayores. Para que ellas puedan tener un proyecto de vida es esencial que desde los ayuntamientos e instituciones, les allanemos ese camino.

En la escuela se detectan cambios antes que en otros lugares. Como profesora, ¿qué señales le hacen pensar que la igualdad avanza y cuáles le preocupan?

Me preocupa muchísimo el incremento alarmante que hay de adolescentes y jóvenes que consideran la violencia de género como un invento ideológico o como que no existe. También proliferan espacios mayoritariamente online que promueven libre e impunemente consignas contrarias a los derechos de la mujer. Por eso es tan importante la lucha contra la violencia de género. Pero, ojo, hay violencias sutiles, a las que estamos acostumbrados y no percibimos, la violencia de género es como un iceberg. Actualmente, estamos haciendo desde Diputación un proyecto de videopodcast con jóvenes de la provincia sobre igualdad, escuchándoles resulta esperanzador, comprobar que hay jóvenes que levantan su voz para defender la igualdad.

Para terminar en clave personal: ¿qué "pacto con usted misma" le ayuda a sostener responsabilidades públicas sin perder bienestar, y qué consejo le daría a una mujer que quiere dar el paso a liderar en política o en su comunidad?

Mi pacto es no olvidarme de quien soy, cuidar mis tiempos, recordar por qué empecé y no perder la ilusión.

A la mujer que quiera liderar en política la animaría, sé que caminar por caminos diferentes da mucho miedo, pero lo más peligroso es quedarse quieta. Es importante que ocupemos espacios porque cuando una mujer entra en política, cambia la mujer; cuando muchas mujeres entran en política, cambia la política.

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