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ENTREVISTA | Rocío Maya Jefa de cocina y propietaria de “La Taberna de Noa”

 “La calidad de vida del pueblo no la da la ciudad. Aunque haya quien piense que no, en los pueblos tenemos de todo”

La crisis económica del 2008 cambió sus planes. Abrió un restaurante y en la cocina descubrió su pasión. Chef autodidacta, Rocío Maya ha conseguido, junto a su pareja Luis Miguel Gómez, situar a Fuentes de León en el mapa de la gastronomía española gracias a su restaurante “La Taberna de Noa”.

Rocío Maya, jefa de cocina y propietaria de “La Taberna de Noa”

Rocío Maya, jefa de cocina y propietaria de “La Taberna de Noa” / EL PERIÓDICO

Hace unos años en una entrevista confesó que cuando su madre le decía que aprendiese a cocinar, usted contestaba que no le gustaba. ¿Cómo se gestó el cambio radical que le impulsó a ser propietaria de un negocio de gastronomía?

Fue a raíz de la crisis del 2008, cuando mi pareja, Luis Miguel Gómez, que es el jefe de sala del restaurante, y yo nos quedamos sin empleo. Decidimos coger un local y comencé a cocinar para los amigos. Me decían que se me daba bien. He descubierto mi pasión, aunque creo que la tenía en la sangre porque familiares como mi abuelo cocinaban muy bien.

En 2015 nace “La Taberna de Noa”. ¿Qué les hace diferentes?

Empezamos a elaborar platos tradicionales, pero incorporando a la carta tapas diferentes que no dejan de ser comida tradicional. Nos costó acostumbrar a la gente. Ahora el cien por cien de los platos que ofrecemos son tradicionales con toques vanguardistas a través de salsas o especias. Por ejemplo, tenemos un donut de carrillera que no deja de ser la carrillera que mi madre me hacía de pequeña y que comíamos todos los domingos.

De cocinera, se ha definido usted en alguna ocasión autodidacta, a contar con un Solete de la prestigiosa Guía Repsol. ¿Cómo ha sido todo ese proceso?

En la cocina nunca se deja de aprender, me sigo formando siempre en casa. El poquito tiempo que tengo, aparte de dedicárselo a la familia, lo invierto en leer libros, en presentarme a concursos… En todos los sitios se aprende algo. En los concursos aprendemos mucho unos compañeros de otros. Llevo participando en ellos desde 2018. Comencé a presentarme a uno por año y ahora prácticamente voy a ocho o diez cada año. Los platos los elaboramos entre mi pareja y yo. Él también aporta ideas que luego yo elaboro y cocino.

Si pensamos en gastronomía, se nos vienen a la mente los nombres de grandes chefs. ¿Qué nos falta aún para darle la vuelta?

Sobre todo, muchísima más visibilidad. La mujer ha estado siempre en las cocinas, no solo en casa, también en las de los restaurantes. Lo que pasa es que siempre han estado a la sombra del hombre. Hemos de darnos visibilidad, echarlos hacia adelante, porque no solo están ellos, estamos nosotras también.

Su restaurante está en un pequeño pueblo de la provincia de Badajoz, Fuentes de León. ¿Por qué decidió desarrollar en él su proyecto de vida? ¿Somos conscientes del patrimonio, también gastronómico, que tenemos?

Me han propuesto irme a Madrid o Sevilla, pero la calidad de vida que tiene un pueblo no te la da la ciudad. El pueblo es vida. Aunque haya quien piense que no, en los pueblos tenemos de todo. Prefiero quedarme aquí, poner el nombre de mi pueblo en el mapa.

Nos falta creérnoslo más. Tenemos una despensa muy amplia y productos muy buenos. Tengo amigos de fuera que nos piden, por ejemplo, nuestro aceite de oliva.

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