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Tribuna

Compromiso real con la igualdad

Manuel Naharro, presidente de la Asamblea de Extremadura

Manuel Naharro, presidente de la Asamblea de Extremadura / El Periódico Extremadura

Manuel Naharro

La igualdad no es una concesión ni una meta lejana: es un derecho que aún estamos aprendiendo a ejercer plenamente. Hablar de igualdad entre mujeres y hombres no es repetir una consigna, sino asumir un compromiso real con un cambio profundo. Significa garantizar que cada persona pueda decidir, trabajar y desarrollarse sin que su género marque límites invisibles en su camino. Y por ello debemos seguir luchando. Este camino requiere esfuerzo constante, reflexión colectiva y un compromiso que no se agota con palabras, sino que se construye día a día.

Mujeres que, generación tras generación, han sostenido el progreso incluso cuando su esfuerzo no siempre fue reconocido. Ellas son las verdaderas protagonistas. Quienes avanzaron en silencio, abrieron caminos y demostraron que el talento nunca fue la cuestión, sino las oportunidades. Cada acción, cada decisión tomada con determinación, ha contribuido a transformar nuestra sociedad. Es, ante todo, un reconocimiento a esa fuerza constante que sigue siendo motor de cambio y que inspira a las nuevas generaciones a soñar y a luchar por sus derechos.

Las mujeres no solo han demostrado capacidad y preparación; han tenido que abrirse paso en estructuras que durante décadas limitaron su autonomía. Cada avance ha sido fruto de una lucha consciente, organizada y profundamente comprometida con la igualdad. Nada ha sido casual. Nada ha sido una concesión. Su esfuerzo ha derribado barreras históricas y sociales, y ha construido espacios donde ahora otras pueden caminar con más libertad. Estos logros son también un recordatorio de que cada paso hacia la igualdad ha requerido sacrificio, resiliencia y valentía.

Hoy hablamos de igualdad con más naturalidad, pero no podemos confundir avance con meta alcanzada. Siguen persistiendo desigualdades y techos de cristal, así como obstáculos que, aunque invisibles para muchos, siguen marcando la vida de las mujeres. La igualdad efectiva exige no solo visibilizar, sino garantizar oportunidades reales y condiciones que permitan desarrollar todo el potencial de cada persona. Implica educación, respeto, políticas inclusivas y espacios donde las mujeres puedan participar con voz propia y segura.

Y junto a estos desafíos, emerge otra realidad incómoda: la coherencia política. No basta con proclamarse feminista; es necesario que las palabras se traduzcan en acciones, decisiones firmes y estructuras que protejan y empoderen a las mujeres. La verdadera defensa de la igualdad requiere que todas las instituciones —políticas, sociales y educativas— sean coherentes en su compromiso, incluso cuando los cambios son complejos o generan debates difíciles. Solo así se puede garantizar que los derechos no se queden en papel ni se conviertan en gestos simbólicos.

La lucha transforma. Reconocer lo conseguido no significa detenerse ni conformarse. Cada derecho conquistado es fruto de resistencia y esfuerzo, y debe ser protegido con firmeza. La libertad no es una concesión; es un derecho, y los derechos se defienden siempre, de manera activa y constante. La igualdad requiere compromiso, coherencia y claridad, y nos recuerda que cada paso hacia adelante es también una responsabilidad colectiva.

El talento y la capacidad siempre han estado presentes. La cuestión es si la sociedad, sus instituciones y cada una de nosotras estamos dispuestas a mantener ese impulso, a garantizar que cada mujer tenga la libertad de decidir, de avanzar y de desarrollarse plenamente. Porque eso es lo que se ha ganado, y porque merece ser vivido, disfrutado y defendido. El futuro es de quienes siguen creyendo en la igualdad, construyéndola con cada acción y compartiéndola con todas.

*Manuel Naharro es presidente de la Asamblea de Extremadura

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