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ENTREVISTA | Esther Conejero Ganadera de Casar de Cáceres

“Gracias al Ayuntamiento de Casar de Cáceres me he dado cuenta de que en un pueblo es posible quedarse para siempre y ser feliz”

La vida cambió para esta joven ganadera cuando descubrió los trabajos en la explotación familiar junto a su padre. El apoyo que recibió del consistorio local ha sido decisivo para su desarrollo profesional en el campo donde ha construido una relación profesional profunda con su progenitor

Esther Conejero, ganadera de Casar de Cáceres.

Esther Conejero, ganadera de Casar de Cáceres. / El Periódico Extremadura

Juan José Ventura

Juan José Ventura

Casar de Cáceres

¿Cómo empezó su camino en la ganadería y qué le hizo quedarse en el campo cuando quizá otras opciones parecían más “fáciles”?

Todo empezó cuando no me admitieron en los estudios que quería hacer. Mi padre me animó a hacer el curso de Incorporación a la Empresa Agraria, por si el campo podía ser una salida y una ayuda para él. Me he criado entre animales, pero nunca pensé dedicarme al cien por cien. Lo tuve claro el primer día que fui a ordeñar ovejas con él: fue especial, aprendí mucho y decidí quedarme.

¿Qué es lo más duro —y lo más bonito— de su día a día como ganadera en Extremadura?

Lo más duro es sacrificar todo tu tiempo al ordeño; por eso nunca me he ido de vacaciones con mi padre y mi familia. Lo más bonito es la confianza con mi padre y saber que podré llevar la ganadería gracias a lo que me ha enseñado. Cuando tengo un mal día me voy al campo y se me olvida todo: allí aprendí que después de la tormenta viene la calma.

¿Ha contado con apoyos por parte del Ayuntamiento de Casar de Cáceres?

Sí. Nunca había visto tanto apoyo a los jóvenes. Que tu pueblo te anime es especial: sientes que estás en el lugar correcto y que tendrás ayuda incluso sin pedirla. Gracias al Ayuntamiento me he dado cuenta de que en un pueblo es posible quedarte para siempre y ser más feliz.

¿Ha sentido que por ser mujer has tenido que demostrar más en un sector tradicionalmente masculino? ¿En qué momentos se nota más?

Sí. A veces siento que si no me hago visible nadie me conoce; si no hablo, nadie me da la palabra; y si no digo lo que pienso, nadie me pregunta. Aunque hayamos avanzado, seguimos un poco invisibles. También tengo que demostrar si tengo fuerza, porque antes de preguntarme si puedo, ya lo hacen por mí. Eso me duele: yo sola puedo.

¿Qué papel tiene hoy la innovación en su explotación y qué cambios han funcionado mejor?

Es clave en el ordeño: a mano es inviable con cien ovejas. Los tanques de refrigeración evitan que la leche se estropee y es importante porque la destinamos a la Torta del Casar. También tenemos máquina nodriza para la papilla de los borregos: mejor que hacer 30 biberones al día. No hay mucha más tecnología.

Cuando mira a su alrededor, ¿qué cree que hace falta para que más mujeres puedan emprender o quedarse en el medio rural con un proyecto viable?

Hace falta empatía y entender que las mujeres también somos capaces. Necesitamos visibilidad: no vivir bajo un techo de cristal ni escondernos por el qué dirán. Y más apoyo y esperanzas: que nos hagan ver que sí solas podemos, y con un poco de ayuda, el triple.

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