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Don Benito

Dos históricos cierran la persiana en Don Benito

El bar Royalty dice adiós por la jubilación de Antonio y Sera tras más de 30 años de servicio. También se va Antonio Barroso, por cuya peluquería han pasado generaciones enteras de dombenitenses

Familiares y amigos acompañan a los regentes de Royalty en su despedida.

Familiares y amigos acompañan a los regentes de Royalty en su despedida. / LCB

Samuel Sánchez

Don Benito

Dos persianas bajan estos días en Don Benito, pero lo hacen dejando detrás mucho más que un local vacío. Se despiden dos negocios que forman parte de la memoria sentimental de la localidad, dos historias hechas de rutina, cercanía y vida cotidiana que han acompañado a generaciones enteras de calabazones.

Por un lado, la peluquería Antonio Barroso, un pequeño gran escenario donde durante más de 60 años se han cruzado tijeras, navajas y conversaciones sin prisa. Antonio se jubila dejando tras de sí un oficio ejercido con constancia y una forma de entender el comercio de barrio basada en la confianza y el trato humano. Su peluquería no era solo un lugar al que ir a cortarse el pelo, sino también un punto de encuentro, confesionario improvisado y testigo silencioso del paso del tiempo en la ciudad. Por su sillón han pasado padres, hijos y nietos, reflejando la evolución de Don Benito a golpe de peinado y charla cotidiana. Ahora, sin embago, emprende una nueva etapa en su vida tras años de dedicación y esfuerzo al negocio familiar que ha dado servicio a generaciones enteras de calabones.

Antonio, peluquero de varias generaciones.

Antonio, peluquero de varias generaciones. / LCB

También dice adiós el bar Royalty, que desde 1988 ha sido mucho más que un bar. Bajo la batuta de Antonio y Sera, el local se convirtió en uno de los epicentros de aquellas noches inolvidables de finales de los 80, cuando la movida también tuvo acento dombenitense. Cafés al amanecer, copas eternas y música marcaron una época que aún hoy se recuerda con una sonrisa. Un bar familiar que supo ser refugio, punto de encuentro y escenario de cientos de historias anónimas.

El Ayuntamiento también ha querido rendir homenaje a estos tres protagonistas de la vida local que cierran una etapa vital ligada al esfuerzo diario y al servicio a los demás. Se van con la tranquilidad del trabajo bien hecho y con el reconocimiento de un pueblo que valora a quienes construyen ciudad desde lo pequeño.

Porque hay negocios que cierran y otros que, aunque apaguen sus luces, se quedan para siempre en la memoria colectiva y en el corazón de su barrio.

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